Epístola dirigida a la compañera Alejandra sobre su escrito Cáscara:
Querida Alejandra,
Cuando terminé de leer “Cáscara” corporal y espiritualmente experimenté distintas sensaciones. No tengo respuestas sino preguntas, quizás, éstas sean mis respuestas a tus preguntas pero con forma de interrogante.
De acuerdo con Nietzsche no voy a enfadarte con una interpretación demasiado sutil, sino recrearme con la incertidumbre de tu horizonte como si hubiese allí una vía abierta a múltiples ideas como si fuera a desenterrar un tesoro. Sin embargo, “surgen ideas, nos rozan la cabeza juguetona y despliegan sus alas más bellas de mariposa; y, se nos escapan”. Admito esta fugacidad y confieso que entiendo profundamente ese deseo tuyo por “encontrar la predicación que libere la sujeción del sujeto”.
Reconozco una mirada que se vuelve hacia sí pero es una mirada rasgada por otro al cual a uno se le intentó hacer pertenecer aún sin poder entender de qué clase de pertenencia se trataba. La religión cristiana. ¿Será este un Dios sádico? Si lo entendemos como esa máscara que la comunidad eclesiástica nos ofrece imponiendo, sí.
Si es aquella que “nos arroja a una ciénaga profunda y nos lanza un resplandor de misericordia divina que nos salvará“, sí. ¿Por qué hacernos caer? ¿Por qué ser salvados? “¿Por qué ser embriagados con cogñac?”. ¿Qué otra cosa hace la religión sino sujetar a los individuos?
“Sería maravilloso crecer sin respuestas hegemonizantes”. Un mundo sólo de preguntas es difícil imaginarlo pero sin respuestas hegemónicas es tentador. ¿Qué preguntamos? ¿Por qué preguntamos? ¿A quién peguntamos? ¿Cómo preguntamos? ¿Quién nos responde? ¿Qué nos responde? ¿Cómo nos responde? ¿Por qué nos responde? Sería interesante poder responder pero desde una criticidad, responsabilidad y compromiso con lo respondido además de incluir en aquella respuesta un germen de una posible futura resignificación personal por parte de quién recibe aquello respondido.
“¿Será que somos gigantes sujetados a un sinfín de cáscara de manzana embebida en cogñac?” No lo sé. Por momentos me veo pequeña, escurridiza subiendo y bajando por los tejidos de la llamada Red Social. Sin estar sujetada a ninguna Matrix y plenamente embriagada pero no en cogñac sino en la embriaguez misma. ¿Ilusa yo? Tal vez.
Deseo que esta carta sea campo fértil para futuros intercambios.
Un abrazo.
Romina.
1 comentario:
Qué bien expresado... Me ha dejado sin palabras...
Publicar un comentario