Taller de producción de textos filosóficos.
Alumna: Yael Fransoy
Consigna: A partir del texto recibido, escribe una carta al autor de dicho trabajo comentando su reflexión.
Autor del texto recibido: Maximiliano Gil.
Buenos Aires, 29-6-09
Estimado colega:
Me tomo la libertad de compartir humildemente mi valoración y opinión sobre su texto de análisis referido especialmente a la relación entre lo apolíneo y lo dionisiaco.
Así, permítame concordar con usted sobre la presencia de nociones nietzscheanas en el párrafo comentado.
Evidentemente se encuentran aquí características dionisiacas, esa vitalidad salvaje que libera el éxtasis, esencia del mundo.
Creo yo, existe también una intención apolínea desde el cazador, pues intenta a “picotazos” resguardar a sus “presas” del flujo caótico de su propia existencia.
Si bien esa sustracción del flujo salvaje de sus vidas sería el supuesto descanso apacible de sus almas, reconozco también en estos atacantes un sesgo de calculación y, por qué no, de salvajismo... que como usted bien dice, son características de la voluntad dionisiaca. Y he aquí la siguiente inquietud: ¿Es esencialmente necesario o bien correcto señalar a la fuerza apolínea como una fuerza apacible, digamos solidaria, armónica en su accionar? La serenidad de Apolo, además de ser un principio aquietador y racionalizador, representa de alguna forma la brutalidad que solo la fuerza sosegadora puede tener.
Esa ilimitación de la individualidad, ese éxtasis que nos conduce a la inconciencia del yo es precisamente aquello que nos define en lo más profundo como seres humanos. Rasgo definitorio de los danzantes y los atacantes.
En los asesinos, el arte de “matar el instinto” será esconder el vestigio de sus propias excitaciones. La tarea será inacabada, pues intentarán aborrecer a Dionisos en tanto él constituya la experiencia vital en pugna, pero a la vez complementaria.
No necesito decirle que toda mi simpatía y mis mejores deseos le acompañan.
Mis saludos más afectuosos,
Yael Fransoy.
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