Carta de Alejandra Dening a Yael Fransoy
“No hay palabra, sólo palabras y el silencio elige al punto para empezar a decirse.”
Alejandra Dening
“Sentido ausente. Confianza destronada. Laberinto impiadoso, escarpado.
Desfile gramático. Observación impotente. Duda emergente ante el abismo, ante la nada.
Grito desaforado... quiero decirlo, quiero romperlo, quiero abrirme hacia el otro lado.
Quiero buscarlo. Quiero alcanzarlo, en este instante oscuro y claro.”
Yael Fransoy
Estimada Yael:
Debo decirte, en primer lugar, que agradezco que tu elección se haya inclinado hacia esas últimas palabras de mi escrito dado que yo también creo que es en esa cuestión -o podría decir “punto”, como una forma de prolongar las reglas de ese juego- donde se problematiza la esencia del texto.
Al momento de escribirte estas líneas no he podido ahondar en la reflexión de aquéllas y, estimo que hay permiso dado que me has enviado tus letras, me embarcaré en la travesía de comentar las tuyas aunque, seguramente, esto no signifique una interpretación fiel a tu cometido, motivo por el cual -te ruego- me hagas llegar tus observaciones al respecto.
“Sentido ausente” ¿Acaso podría haber otra cosa dentro del patrimonio del silencio inaugurado en el punto? Aunque, te confieso, el sentido estaba tratándose de escapar antes, cuando entre tantas palabras no había palabra y, tras una negociación extremadamente aguerrida, logramos acordar soportar nuestras ansiedades -él, por dejar la materialidad; yo, por entrar en ella- hasta alcanzar el punto de éxtasis liberador. Y aquí la “confianza destronada” podría adquirir dos significados opuestos y, por eso mismo, inevitablemente interesantes. El primer significado lo podría atribuir a un nivel literal: si el sentido no existe entonces ¿qué lugar tiene la confianza? ¿Es posible confiar en aquello que no tiene sentido? Y más, ¿aceptaremos simplemente que no tiene sentido o tozudamente intentaremos encontrarlo? ¡Ay, colega! ¡Complicas el sentido de mi existencia! ¡Y claro! ¿Cómo evitar entrar en un “laberinto impiadoso, escarpado? Y ahora, desesperada en este laberinto como estoy ¡siento la desesperación de no claudicar en la explicación del segundo significado! ¡Pero es que me has metido aquí dentro y no hay palabras para reencauzar este “desfile gramático”! Intento volver sobre mis pasos, recordar instantes recién pasados y todo se torna una “observación impotente”. Ya empiezo a pensar que sabías que entraría y que me desesperaría, ¿o será que aquí dentro estás también tu misma? ¡Y claro! ¡No podía ser de otra manera! ¡Ahora aparece una “duda emergente ante el abismo, ante la nada”! ¡Y empiezo a girar como loca y preparo mi garganta para el “grito desaforado”! Pero, ¿qué pasa? ¡No hay palabras! ¡El grito grita en mis dientes pero hacia fuera no existe nada! ¿¡En verdad el silencio se adueñó del tiempo!? Me desespero. Quiero volver el tiempo atrás. Desescribirme, quitarme esa omnipotencia que sólo es posible con palabras. Ya no me atrevería a desafiar al silencio, a negociar con él pues, ¿qué soy ahora sin al menos mis tontas palabras? ¿Cuál es mi sentido si continúa incorruptible el silencio? ¡Esto es insoportable! ¡“Quiero decirlo, quiero romperlo, quiero abrirme hacia el otro lado”! ¡Oh Yael! ¡Si estás aquí cuánto te entiendo! ¿¡Cómo es posible que impunemente no haya previsto el escape de semejante sordo aturdimiento!? Prometo encontrarte y sacarnos. Te pido que confíes en mí, que escuches mi mente si es que en verdad estoy pensando algo y eso es capaz de subyacer a nuestro tirano. Porque me ha engañado. Su liberación no implicaba nuestro silencio. ¡Oh! ¡Qué inocente he sido, cómo me ha manipulado! ¿Dónde estará? ¿Cómo puedo llamarlo? ¡Pero si no sé su nombre y tampoco podría pronunciarlo! “Quiero buscarlo” pero no sé dónde. Pero... ¿cómo lo busco si ahora mismo está en todos lados? Debo entenderlo, necesito traspasarlo pero ahora, me pregunto, ¿”quiero alcanzarlo”? ¿De veras tendrá algún sentido dejar de vivir “en este instante oscuro y claro”? Por el momento, sólo puedo pensar una cosa: No hay silencios, sólo silencio y la palabra elige al punto para terminar de escucharse.
“No hay palabra, sólo palabras y el silencio elige al punto para empezar a decirse.”
Alejandra Dening
“Sentido ausente. Confianza destronada. Laberinto impiadoso, escarpado.
Desfile gramático. Observación impotente. Duda emergente ante el abismo, ante la nada.
Grito desaforado... quiero decirlo, quiero romperlo, quiero abrirme hacia el otro lado.
Quiero buscarlo. Quiero alcanzarlo, en este instante oscuro y claro.”
Yael Fransoy
Estimada Yael:
Debo decirte, en primer lugar, que agradezco que tu elección se haya inclinado hacia esas últimas palabras de mi escrito dado que yo también creo que es en esa cuestión -o podría decir “punto”, como una forma de prolongar las reglas de ese juego- donde se problematiza la esencia del texto.
Al momento de escribirte estas líneas no he podido ahondar en la reflexión de aquéllas y, estimo que hay permiso dado que me has enviado tus letras, me embarcaré en la travesía de comentar las tuyas aunque, seguramente, esto no signifique una interpretación fiel a tu cometido, motivo por el cual -te ruego- me hagas llegar tus observaciones al respecto.
“Sentido ausente” ¿Acaso podría haber otra cosa dentro del patrimonio del silencio inaugurado en el punto? Aunque, te confieso, el sentido estaba tratándose de escapar antes, cuando entre tantas palabras no había palabra y, tras una negociación extremadamente aguerrida, logramos acordar soportar nuestras ansiedades -él, por dejar la materialidad; yo, por entrar en ella- hasta alcanzar el punto de éxtasis liberador. Y aquí la “confianza destronada” podría adquirir dos significados opuestos y, por eso mismo, inevitablemente interesantes. El primer significado lo podría atribuir a un nivel literal: si el sentido no existe entonces ¿qué lugar tiene la confianza? ¿Es posible confiar en aquello que no tiene sentido? Y más, ¿aceptaremos simplemente que no tiene sentido o tozudamente intentaremos encontrarlo? ¡Ay, colega! ¡Complicas el sentido de mi existencia! ¡Y claro! ¿Cómo evitar entrar en un “laberinto impiadoso, escarpado? Y ahora, desesperada en este laberinto como estoy ¡siento la desesperación de no claudicar en la explicación del segundo significado! ¡Pero es que me has metido aquí dentro y no hay palabras para reencauzar este “desfile gramático”! Intento volver sobre mis pasos, recordar instantes recién pasados y todo se torna una “observación impotente”. Ya empiezo a pensar que sabías que entraría y que me desesperaría, ¿o será que aquí dentro estás también tu misma? ¡Y claro! ¡No podía ser de otra manera! ¡Ahora aparece una “duda emergente ante el abismo, ante la nada”! ¡Y empiezo a girar como loca y preparo mi garganta para el “grito desaforado”! Pero, ¿qué pasa? ¡No hay palabras! ¡El grito grita en mis dientes pero hacia fuera no existe nada! ¿¡En verdad el silencio se adueñó del tiempo!? Me desespero. Quiero volver el tiempo atrás. Desescribirme, quitarme esa omnipotencia que sólo es posible con palabras. Ya no me atrevería a desafiar al silencio, a negociar con él pues, ¿qué soy ahora sin al menos mis tontas palabras? ¿Cuál es mi sentido si continúa incorruptible el silencio? ¡Esto es insoportable! ¡“Quiero decirlo, quiero romperlo, quiero abrirme hacia el otro lado”! ¡Oh Yael! ¡Si estás aquí cuánto te entiendo! ¿¡Cómo es posible que impunemente no haya previsto el escape de semejante sordo aturdimiento!? Prometo encontrarte y sacarnos. Te pido que confíes en mí, que escuches mi mente si es que en verdad estoy pensando algo y eso es capaz de subyacer a nuestro tirano. Porque me ha engañado. Su liberación no implicaba nuestro silencio. ¡Oh! ¡Qué inocente he sido, cómo me ha manipulado! ¿Dónde estará? ¿Cómo puedo llamarlo? ¡Pero si no sé su nombre y tampoco podría pronunciarlo! “Quiero buscarlo” pero no sé dónde. Pero... ¿cómo lo busco si ahora mismo está en todos lados? Debo entenderlo, necesito traspasarlo pero ahora, me pregunto, ¿”quiero alcanzarlo”? ¿De veras tendrá algún sentido dejar de vivir “en este instante oscuro y claro”? Por el momento, sólo puedo pensar una cosa: No hay silencios, sólo silencio y la palabra elige al punto para terminar de escucharse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario